jueves, 31 de marzo de 2011

Superluna



Fue cuando más noté que mi pequeña cámara compacta no daba más de sí o que yo aún no le he dedicado el tiempo necesario para descubrir todas sus prestaciones.


El 19 de marzo pasado, además del espectáculo de las mareas, otro fenómeno de la naturaleza también nos hizo disfrutar de una bellísima noche con la luna como protagonista.

Nuestro satélite pasaba ese día por el punto de su órbita más cercano a la tierra y como coincidió con luna llena, y en esta tierra de Cádiz con un cielo despejadísimo, su tamaño sensiblemente mayor y su brillante luz nos proporcionó un hermoso espectáculo nocturno.

Aún contemplábamos la puesta de sol y el rojizo atardecer en el horizonte frente al faro de La Caleta, cuando a nuestra espalda apareció con toda su grandiosidad la esperada superluna, dando la oportunidad a aquellos portadores de buenas cámaras de hacerle fotos verdaderamente únicas.

Luego, fue elevándose y llenando el mar de reflejos dorados y plateados.


Estas imágenes nocturnas son de lo mejorcito que he podido sacar con mi simple cámara.






lunes, 21 de marzo de 2011

Marea viva y marea humana

El pasado fin de semana (19 y 20 de marzo), debido a la singular posición de la tierra, el sol y la luna llena, se esperaban en nuestras costas unas mareas de coeficientes excepcionales con niveles muy acusados de pleamar y bajamar, llamadas mareas vivas, que durante dos días iban a dejar al descubierto tanto fondos rocosos nunca vistos en la marea baja, como playas que iban a desaparecer con la pleamar.

Desde que la autoridad de Medio Ambiente lanzara la noticia con tanto detalle, la expectación y los comentarios de todo tipo se dispararon en esta ciudad de Cádiz prácticamente rodeada de agua.

El reciente terremoto y posterior tsunami japonés, cuyas imágenes nos tienen tan impresionados, estaba presente entre los ciudadanos más pesimistas.

Del resto, unos prepararon sus avíos de pesca o marisqueo y todos, todos los demás, cargaron baterías de cámaras fotográficas y móviles.


Y llegó el momento.

Amanecía luminoso y radiante el sábado 19 cuando abrí mi ventana y quedé impresionada del espectáculo que vi. Sí, efectivamente, la bajamar dejaba una amplia y bonita zona de playa, aunque yo diría que no mucho mayor de como se ve en algunas otras veces del año, pero la marea que a mí me impactó fue la marea humana que ocupaba la arena y el paseo marítimo.

Cientos de personas hacían fotografías, unas se dirigían al roqueo cercano a la playa de Santa Mª del Mar, y la mayoría caminaba hacia el Campo del Sur en busca de La Caleta. También la caravana de coches era interminable y apenas avanzaba. El espectáculo del gentío que llenaba la playa y el paseo a las 8,30 de la mañana era lo verdaderamente extraordinario.


En los dos días señalados ha habido tiempo de ver desde distintos escenarios las bajamares y las pleamares. Aunque en mi opinión las mareas vivas no hayan sido tan extremas, sí han sido la causa de que Cádiz haya vivido en estas dos bellas jornadas de tanto sol y tanta luz, el bullicio, el colorido, la animación y la alegría de miles y miles de personas en la calle, gran cantidad llegada de fuera, que han llenado no solo las playas, sino los bares, restaurantes, plazas, terrazas... y la ciudad entera.

Coincidiendo este acontecimiento en fecha con el día del padre, de los joses y josefas, pepes y pepitas, y en Cádiz además con los actos de la celebración de "La Pepa", a la que le queda sólo un año para los doscientos, la ciudad ha sido un hervidero de gente disfrutando de las diversas fiestas.

Por las calles del centro se podía ver también a los soldados de la recreación histórica del bicentenario y a las piconeras de 1812 mezclados con las charangas "jartibles" que alargando el carnaval se divertían cantando por última vez sus letras, muchas de ellas hablando ya de las mareas...


En resumen: esas mareas excepcionales e históricas que se esperaban, acompañadas del espléndido sol que lució, han dejado para el recuerdo infinidad de imágenes también excepcionales e históricas de esa otra marea humana de curiosos que invadió las playas de Cádiz en traje de calle.



Imágenes de la Bajamar y de la Pleamar en La Caleta tomadas los días 20 y 19 de marzo de 2011 respectivamente.


















































domingo, 27 de febrero de 2011

Revoloteo de coplas


Llegaron otra vez al almanaque las fechas de la fiesta gaditana por excelencia con su nuevo cartel anunciador.

Ya escribí en este Blog hace un año ampliamente sobre el tema. Lo titulé "Febrero en Cádiz".


En estos días de pre-carnavales los aficionados están siguiendo con atención y también apasionamiento el concurso de agrupaciones carnavalescas que se está desarrollando en el Gran Teatro Falla para elegir a los mejores coros, comparsas, chirigotas y cuartetos, a la vez que se van conociendo los temas de las nuevas letras, músicas y sobre todo los pegadizos estribillos que se van a corear repetidamente en la calle.

Curiosamente, mis fotografías de hoy han enfocado una y otra vez, por motivos evidentes, al busto de un gran autor carnavalesco como fue Paco Alba.

"Creador de la comparsa" se lee escuetamente en su pedestal.

Aquel que llevado de su amor por Cádiz escribió hermosos versos y sentidas letras que se siguen y seguirán cantando con emoción, tiene su busto frente al lugar que más le inspiró: la playa de La Caleta.

Y las gaviotas caleteras tras sus revoloteos sobre las barcas que descansan en aquellos hermosos parajes, curiosamente hoy se disputaban como lugar privilegiado para reponer fuerzas la gorra de marinero de aquel inolvidable "hombre del mar" que tantas y tan emblemáticas coplas nos dejó en los Carnavales de tiempos pasados.


Final del pasodoble "La barquilla" de Paco Alba:


"Barquillita marinera, tu no sientas pena

ni te encuentres sola.

Yo estaré siempre a tu vera,

bella compañera, reina de las olas.

Si en la noche negra y fría

sientes por tu quilla que te cala el miedo,

espera que llegue el día,

no llores paloma mía,

que vendrá tu marinero.

sábado, 19 de febrero de 2011

Diversión en el Nilo


Voy siguiendo día a día por los medios de comunicación los recientes sucesos de la revolución que está protagonizando el pueblo egipcio en defensa de legítimos derechos de justicia social. Hartos de tanta opresión, desigualdades sociales y evidente corrupción, los egipcios se han lanzado en busca de una construcción democrática que les conduzca a una vida mejor.
A la vez estoy pensando en las pérdidas económicas que les estará ocasionando la cancelación de los viajes turísticos a este pais, ya que esos millones de turistas que llegan a Egipto anualmente atraídos por sus cinco mil años de impresionante historia, constituyen la principal fuente de riqueza del estado.

Hace tres años estuve en Egipto y, dejando ahora aparte los comentarios sobre la grandiosidad de los restos arqueológicos y las fantásticas historias de dioses y faraones que son de un valor incuestionable, me sorprendió la pobreza y hasta miseria que vi en el pueblo llano.
No olvido el paseo en calesa que dimos el día de llegada en Luxor -antigua Tebas-, donde pasada la fachada que componían los hoteles de lujo y los cruceros anclados en la orilla del Nilo, nos adentramos en la ciudad.
Resaltaba una superpoblación de aspecto algo mísera pululando por calles sin asfaltar, llenas de baches y poco iluminadas, con casas humildísimas y ruinosas. Abundaban indigentes pidiendo limosnas, niños acosando y vendedores ambulantes intentando colocar sus productos de toda índole, deseosos de coger en sus manos alguna moneda.
Escenas parecidas se repitieron en otras ciudades que visitamos, incluídos algunos barrios de El Cairo.
La policia protege mucho al turista como fuente económica del pais, y creo que el visitante puede sentirse seguro, pero ante tanta necesidad nadie evita el engaño.
El regateo es la forma natural de comprar y vender, por lo que nunca se sabe el verdadero valor de las cosas.

Conservo simpáticas vivencias de un día en el Nilo.

Navegábamos desde Luxor a Asuan y ese día íbamos a pasar por la Esclusa de Esna donde se salva un desnivel del río.
Es difícil describir el bello espectáculo que se produce cuando las decenas de cruceros, como bloques de apartamentos flotantes y todos muy parecidos, se van acercando airosos y juguetones, si consideramos que juegan a ver cual adelanta a quien, cual da susto al vecino acercándose más de la cuenta o cual se coloca delante y hace aflojar la marcha. Eso es lo que nos parece, porque ellos sí saben el lugar en que se tienen que situar y a la hora que les toca pasar la esclusa.











Si curioso fue ver venir tantos barcos, indescriptible fue verlos colocarse en paraleo en filas de siete u ocho de ancho. De este modo, al ser de la misma altura, las cubiertas superiores de todos ellos quedaban a ras. Y si en nuestro barco estábamos tomando el sol en las hamacas, nadando en la piscina o saboreando un refresco bajo las sombrillas del bar, idéntica situación se repetía en los barcos contiguos, por lo que al multiplicarse la escena, aquello parecía una inmensa zona veraniega.


A la par comenzó otro espectáculo, que es al que me quiero referir.
Como saben el tiempo que pasan los barcos esperando su turno, los vendedores ambulantes se echan al agua con sus barcas cargadas de marcancias. Van dos o tres en cada bote y reman hasta llegar a los barcos.
Desde allí abajo, y sin ningún aviso, comienzan a lanzar con fuerza sus productos hacia lo alto para que caigan, cuatro pisos arriba, en la cubierta superior.
Los pasajeros que estaban asomados a la balaustrada se percataron del hecho y fueron dando aviso a los demás, que acudieron a tomar parte en el espectáculo.
En pocos minutos fue incontrolable el trasiego de artículos que pasaban de abajo hacia arriba o viceversa, entre el griterío de precios, regateos, cambios de tallas, cambios de colores... Éramos muchos los pasajeros que nos interesamos en esta forma de compra-venta y eran varias las barcas con las que intercambiábamos. Llegaban plásticos con alfombras, mantelerías, pañoletas, chilabas, kaftanes, zapatillas, trajes de fiesta, complementos...etc. Los abríamos, nos lo probábamos... Volvían para abajo porque los precios no interesaban. Volaban hacia arriba de nuevo "arreglados de precio" entre el griterío de ambas partes. Lo mismo acertabas a coger la bolsa en las manos, que caía al agua de la piscina o encima del señor que dormía tranquilamente en su hamaca. Los paquetes iban y venían por los aires, pero los vendedores sabían perfectamente lo que lanzaban y quien lo tenía. Los diálogos de entendimiento se cruzaban a gritos entre vendedores y compradores por la distancia considerable que nos separaba.
Así estuvimos varias horas que recuerdo de continuas carcajadas por las situaciones que se sucedían.
Los egipcios nos llamaban con nombres propios y frases en español, y nosotros desde arriba regateábamos y les lanzábamos las mercancías de vuelta o finalmente el dinero metido en plásticos, que por cierto casi siempre caía en el agua.
Al final todos acabamos contentos. Productos por los que empezaron pidiendo 30€ los dieron por 5€ y los de 15€ por 2€. Vendieron casi todo.
¿Quién ganó? ¿Quién perdió? ¿Quién engañó a quién?
Para mí fue una inolvidable fiesta de diversion que no tuvo precio.












































Espero que pacíficamente el pueblo egipcio consiga sus reivindicaciones y su legítimo derecho a una vida mejor.

lunes, 7 de febrero de 2011

Mi palmera

Frente a una de mis ventanas se sitúa una de las palmeras que adornan el paseo marítimo de Cádiz.
Desde que fue plantada la he visto crecer con su figura esbelta, y a lo largo de los años la he contemplado en sus mejores y peores momentos.
Ha cambiado de fisonomía en las periódicas podas, ha resistido con firmeza los temporales de levante y de poniente, y aunque a veces parezca que se está quedando sin verdor, supera el trance y sigue ahí elevándose majestuosa y formando parte de un paisaje incomparable, como muestro en algunas de las muchas fotos que le he hecho en distintos momentos.












































































A pesar de lo decorativa que pueda ser la figura de esta palmera, me congratulo de tener también otras ventanas desde donde puedo contemplar ese mismo paisaje sin ningún obstáculo que se interponga desde mi vista hasta el horizonte.

jueves, 20 de enero de 2011

Otros gatos


Completando el tema de la entrada anterior, relativo a ciertos gatos polémicos, he de confesar que a pesar del respeto y consideración que siento por todos los animales, a los que no les deseo ningún mal, no he sentido nunca la necesidad ni la atracción de tener uno como mascota.
Me gustan los gatos, pero mis gatos favoritos no son de carne y hueso, sino los que guardo en mis carpetas virtuales.
Son gatos plasmados en bellas fotografías o simpáticas pinturas que encuentro en mis incursiones por la red y que voy coleccionando para mi deleite, en clara demostración de que algo o bastante me atrae de ellos.
En los pintados, siento predilección por los ingenuos y coloristas de estilo "naif.


Rosina Wachtmeister pinta los gatos así.
























Peter Robinson los hace así:






















Estos son de Martine Clouet











Y podría seguir y seguir con mi extensa colección de mininos.

Para terminar, diré que alguien que me conoce bien me regaló recientemente el curioso libro "Historias de Gatos" de Carlos C. Lainez. Lo compró en la exposición que hace unos meses puso este pintor en la "Galería Benot" de Cádiz tras oír mis comentarios positivos sobre él, y me lo tenía reservado para estas fechas.
Cada uno de los treinta y cinco gatos pintados por Lainez va acompañado en este libro de su historia mágica y absurda. Doble atractivo.




Mis inmateriales gatos quedan fuera de toda polémica.