martes, 20 de diciembre de 2011

Un deseo muy repetido

Cada año por el mes de diciembre me empleo en la realización de una felicitación navideña cargada de buenos deseos para enviar a familiares y amigos, a través de una presentación en PowerPoint.

Este año va toda de azul celeste. Y también de angelitos.

Después de varios años haciendo esta misma labor en vísperas navideñas, exprimo la imaginación para no repetirme, pero no puedo prescindir de incluir a esos ingenuos personajitos alados que son mi debilidad.

(Como se ve en estas dos diapositivas).


Sea como fuere, mi mensaje navideño es el mismo deseo de siempre: Salud, Paz, Amor, Justicia, Solidaridad... y todo lo que esté en nuestras manos para conseguir una vida mejor para tanta gente que sufre y que carece de lo más elemental.



¡ FELIZ NAVIDAD PARA TODOS !

sábado, 10 de diciembre de 2011

Patos y dinosaurios











Llegaron a Cádiz hace más de un año para formar parte de una composición sobre el mundo jurásico, dentro del programa floral y paisajistico "Cádiz en Color", donde ocuparon por unos días la Plaza de la Catedral.

Acabada la exposición, parece ser que estas figuras de dinosaurios, aves y reptiles extinguidos fueron donadas a la ciudad por la empresa que las proporcionó.

Desde entonces ocupan un espacio en el Parque Genovés, concretamente en los alrededores de la cascada y lago de los patos.

Hay quienes consideran que estos plastificados dinosaurios no pegan en dicho lugar, pero otros podemos comprobar que estas figuras que sorprenden camufladas entre el arbolado o metidas en las aguas del estanque, son un atractivo añadido a dicho lugar y hacen las delicias de los pequeños.

Si ahora se los llevaran, no sólo lo sentirían los niños, que ya disfrutan con ir al "parque de los dinosaurios", sino también todos los patos del lago que tan integrados están con esas figuras que comparten sus aguas, con las que se entretienen y sobre las que dormitan plácidamente.












domingo, 27 de noviembre de 2011

En el mismo sitio, a otra hora











Alguien que ha visto las fotos de mi anterior entrada tomadas desde un mismo lugar y siempre en horas matinales, me ha preguntado por los atardeceres o puestas de sol en ese mismo escenario.


Y aquí le contesto que desde el sitio en que están hechas esas fotos, el punto del ocaso solar, a pesar de que cada día cambia en el horizonte (llegando en junio a su extremo derecho máximo) queda fuera de la referida panorámica.


Sin embargo, una vez que el sol se ha hundido en el mar, sí se extienden por el lugar los reflejos de luz y ráfagas de colores que muchos días a esa hora inundan los cielos de Cádiz, y de los que pongo una muestra.












viernes, 11 de noviembre de 2011

En el mismo sitio y a la misma hora

En diferentes días, eso sí.














Es el rincón de Cádiz que tengo más fotografiado, por la sencilla razón de que no necesito salir de casa para inmortalizarlo.

Este recodo de la ciudad dominado por la silueta de la Catedral es de los más significativos. El primer plano de la playa de Santa María del Mar limitada por su espigón norte y al fondo las casas del casco antiguo alineadas a lo largo del paseo Campo del Sur, completan el singular paisaje.

Al fotografiar tantas veces esta panorámica, he tenido tiempo de captar casi todas las variantes posibles que puede ofrecer dicho paisaje.

Con más o menos vueltas de zoom, la colección abarca imágenes tanto de la playa rebosante de gente, como de la maravillosa soledad del arenal medio desierto.

Igualmente, unas fotos muestran la playa casi desaparecida con marea alta y otras el amplio espacio que permite la bajamar.

También las hace diferentes el color del mar, ya que cada día éste presenta un tono distinto de su gama de verdosos y azulados que van desde los suaves a los intensos, además de grises y blanco espumoso.

Es tan bello el mar en calma, sereno y transparente, como el mar violento que provocan los vientos y temporales del invierno, aunque éste impresione más.

Tengo tal cantidad de fotos de esta panorámica, que me cuesta mucho hacer una selección.

Desde el mismo sitio y a la misma hora, idéntico escenario ofrece una infinita variedad de imágenes.














domingo, 30 de octubre de 2011

Musaka un tanto agridulce

Relacionado con el tema de la entrada anterior, tengo algún recuerdo menos agradable del último día de ese bonito viaje realizado por las islas griegas.

El circuito turístico finalizaba en Atenas.

Disponíamos de dos días para conocer la capital de Grecia. Poco tiempo para asimilar tanta historia concentrada en sus restos arqueológicos, pero razonable para tomar una idea de cómo es hoy aquel importante centro cultural de la antigüedad donde vivieron los más grandes artistas, escritores y filósofos.

El primer día nos lo tomamos libre para recorrer Atenas con un plano y a nuestro aire. Después de visitar la catedral donde se casaron nuestros actuales reyes de España, nos adentramos en el barrio de Plaka con sus calles estrechas casi intransitables por la cantidad de gente que había en las terrazas de los bares y restaurantes. Las tiendas de recuerdos estaban también atestadas y, quizás por ser domingo, los tenderetes de los rastrillos ocupaban plazas enteras. El ambiente del barrio era alegre y bullicioso.

Aún hicimos algunas compras, las últimas ya.

Siguiendo el plano llegamos a Ermou, una de las calles peatonales y comerciales más importantes de Atenas. Allí entramos en una preciosa iglesia bizantina donde estaban celebrando el culto dominical y observamos las costumbres curiosas.

El calor de ese día de junio era tremendo. Lo recuerdo porque cuando cruzábamos la plaza Syntagma o de la Constitución, la más céntrica y concurrida de Atenas, me faltó poco para meter los pies en una de sus fuentes y opté por rociarme el agua de la botellita que llevaba.

Llegando al edificio del Parlamento, que anteriormente fue palacio real, nos encontramos sin esperarlo con un interesante y multitudinario espectáculo: el cambio de la guardia presidencial que, como era domingo, se hacía con una ceremonia muy solemne. Bandas de música precedían a los soldados (evzones) que vestían falditas cortas blancas, gorros rojos y pompones hasta en los zapatos, que parecían zuecos.




Después de realizar sus actos protocolarios ante la tumba del soldado desconocido y marcharse igual de solemnes, fuimos a hacer la típica foto a los que quedaban de guardia en sus garitas de tejados azules.

La presencia del autobús turístico (similar al de Cádiz) nos dio una idea, pero nos decantamos por llevarla a cabo mejor con el trenecito. Y fue un acierto.


Por espacio de hora y media disfrutamos sentados y bajo techo de un largo recorrido, con paradas intermedias, por sitios emblemáticos de Atenas: zonas residenciales sedes de organismos estatales, zonas arqueológicas importantes, lugares olímpicos... y otra vez cruzamos los bulliciosos barrios de Plaka y Monastiraki a los mismos pies de la colina de la Acrópolis. Fue un paseo completísimo.


El segundo día de estancia en Atenas era ya último del bonito viaje por tierras y mares de Grecia, lo que producía cierta morriña. Este día fuimos en autobús acompañados todo el tiempo de guía turístico.

Abandonamos el barco muy temprano y comenzamos el recorrido por El Pireo. El famoso puerto de Atenas, a unos 8 kms de distancia, es toda una ciudad con las viviendas situadas en un promontorio rocoso donde todo gira en torno al mar.

Después de los recorridos panorámicos con paradas y explicaciones en diversos lugares representativos de Atenas, como los bellos edificios neoclásicos de la Biblioteca Nacional, la Universidad y la Academia de las Artes, nos quedaba por visitar el símbolo de la grandeza ateniense, visible desde cualquier punto de la ciudad: la Acrópolis.

En el mismo corazón de Atenas, la Acrópolis, ciudad elevada, es una monumental herencia del pasado. Emociona saber que aquello se construyó en el siglo V a.C. con los colosales talentos del estadista Pericles y el arquitecto Fidias.

Desde la explanada donde se quedan los autobuses, a mitad de la ladera, tuvimos que subir una empinada cuesta arenosa con un sol encima que nos derretía. La guía, bajo su sombrilla, explicaba y a los pocos pasos volvía a explicar. Perecía que no íbamos a llegar nunca arriba.

Junto al edificio de acceso nos advirtió de dos peligros: uno, los posibles resbalones debido a que hay que pisar las piedras de mármol que cubren gran parte del suelo, y otro, los frecuentes robos que se producen debido a que la masiva afluencia de turistas atrae a los rateros.

Tras las advertencias, por fin llegamos a lo alto de la colina y apareció a nuestra vista el famoso Partenón "la obra arquitectónica más perfecta de toda la historia", y allí a la izquierda el Erectión con las célebres Cariátides, y más allá...




Pero vino el primer resbalón para una compañera del grupo y me presté a atenderla, abanicarle, darle agua, ayudarle...
Cuando pasó el susto observé que mi bolso - en el que había metido y sacado cosas para atender a la compañera- estaba extrañamente abierto, por lo que me puse a revisarlo y ...¡horrooor!... me faltaba el monedero.

Lo que no me había ocurrido en toda mi vida tuvo que sucederme en lo alto de la Acrópolis de Atenas.

Me angustié momentáneamente porque aquella misma tarde partíamos para España y en el monedero sustraído estaba mi D.N.I. y varias tarjetas, y porque la guía, como decía que ya lo había avisado, no se inmutó por lo sucedido y siguió con sus exhaustivas explicaciones.

Afortunadamente conservaba el pasaporte y no tuve problemas en ningún aeropuerto, y en cuanto al dinero, muy poco había ya después de diez días de viaje.

Mi recorrido por la famosa Acrópolis, bajo aquel ardiente sol, lo pasé pegada al movil, luchando con la cobertura, telefoneando a Cádiz una y otra vez y anulando documentos.

Además, el Partenón estaba desagradablemente lleno de andamios y una valla prohibía acercarse a ver las Cariátides a distancia prudencial.

Evidentemente no disfruté en la Acrópolis.

Acabada la visita, antes de dirigirnos al aeropuerto, fuimos a comer a un restaurante cercano al arco de Adriano. No lejos quedaba también el monumento a la actriz Melina Mercuri, donde nos hicimos la última foto del viaje.

Todos pedimos la típica musaka griega con ensalada.

Fui invitada a comer con cariño y gusto, pero en esas circunstancias la musaka me supo un tanto agridulce.



P.D. En estos momentos deseo mucha suerte a Grecia para salir de su angustiosa crisis económica, como la deseo para todos los que estamos con el mismo panorama.