domingo, 27 de junio de 2010

Una ciudad con mucha competencia


Me refiero a Venecia.





No sé si los que consideran que Venecia es una de las más bellas ciudades del mundo están en lo cierto, lo que sí puedo asegurar es que recorriendo sus canales y admirando su patrimonio artístico quedas envuelto en tal ambiente de romanticismo y fascinación que hacen que recuerdes a la ciudad de las góndolas como única y diferente de las demás.

Pero la Venecia italiana tiene otras muchas competidoras.

Con vistas a próximos viajes, he estado repasando folletos y en la mayoría de los circuitos turíticos europeos se visita alguna ciudad que lleva el sobrenombre de "la Venecia del Norte".

Así Ámsterdam (Holanda), Brujas (Bélgica), Hamburgo (Alemania), Estocolmo (Suecia), San Petersburgo (Rusia) y algunas más, nos las presentan, en clara competencia, como las Venecias del Norte.


No me preocupa cual debiera ser la única que llevara este apelativo porque, de las que he visto, todas son bellísimas ciudades que, además de sus valores artísticos, arquitectónicos y culturales, tienen el común denominador de estar asentadas sobre islas, lagunas, cruces de ríos, etc. dando lugar a que sus calles sean un entrecruzado de canales de agua atravesados por numerosos puentes, y sus medios de transportes preferentes sean embarcaciones de todo tipo, haciendo que se conviertan en lugares de máximo encanto.

Aparte de las declaradas "Venecias del Norte", países de otras zonas se enorgullecen también pregonando las maravillas de sus particulares "venecias" como ocurre en Francia con Annecy, en Portugal con Aveiro, en España con Empuriabrava (Gerona) o Puerto de Mogan (Canarias)... y podríamos seguir nombrando venecias hasta llegar a las de China o al mismo Dubai.


Y dejo para el final la denominada "La pequeña Venecia" situada en la región francesa de Alsacia. Es la preciosa y mágica ciudad de Colmar, objetivo preferente de mis próximos proyectos viajeros.


Sea la auténtica Venecia o cualquiera de sus competidoras, todas son verdaderas joyas para los sentidos.

sábado, 12 de junio de 2010

Mes de Junio



El mes de junio lo comparo, a nivel semanal, con el viernes.
Con ámbos entra una alegría especial que reaviva el ánimo, preámbulo de las novedosas vivencias que están por llegar.

En el mes de junio, además de los largos días de buen tiempo que este mes suele deparar, y que tanto alegran el espíritu, ya se siente y se disfruta la inminente llegada del descanso vacacional.

Después de un año con la monótona rutina del día a día, llega el momento de parar, desconectar y someterse a una renovación externa e interna. Llega el momento de hacer realidad esos proyectos, sueños e ilusiones a los que durante meses hemos ido dando forma, situando, calculando y poniendo nombres.

Cada cual, para su tiempo de ocio, elige lo que quiere o puede.

Yo soy una enamorada de los viajes y, mientras pueda, no concibo unas vacaciones sin añadir a mi listado el conocimiento de un nuevo lugar, cercano o lejano, de este maravilloso mundo.

Un viaje comienza varios meses antes de su realización. Entonces se empieza también a soñar. Al documentarse mirando folletos, leyendo información, viendo imágenes, entrando en foros, etc... ya se desata la ilusión.
Los viajes nos abren un horizonte vital con el conocimiento de otros lugares, otras costumbres, otras gentes...
Es emocionante verse ante ese monumento o plaza o pisaje con los que tanto se había soñado.

Cuando el viaje llega a su fin, volvemos renovados y cargados de sensaciones que dejarán su huella en el recuerdo. Y sobre todo traeremos fotos, muchas fotos para no olvidar.

En mi caso, aún lo alargo más porque también suelo escribir los relatos de los viajes, acompañados de sus correspondientes ilustraciones. Me llevan su tiempo, pero me compensa el revivirlos de nuevo. Procuro ser fiel a la realidad ya que luego los reparto a los amigos y familiares que compartieron conmigo tan agradables días y fueron testigos directos e igualmente protagonistas.
Aquí muestro algunas de las portadas de dichos relatos.



Junio es un mes ideal para soñar y para viajar.

lunes, 31 de mayo de 2010

El traje de Corpus



Dentro de pocos días celebraremos la fiesta del "Corpus", un tradicional y solemne evento religioso en el que procesiona por las calles de Cádiz, portando la eucaristía, una magnífica joya de orfebrería como es la bella y esbelta custodia de Cádiz, una de las más valiosas de España.

Actualmente, aunque la procesión se intenta rodear de cierta solemnidad, la sociedad ha cambiado en gustos y costumbres, y ese día se divide entre los que asisten a los actos religiosos y los que se van de domingo a la playa.

Han quedado también lejos aquellos festejos que duraban toda la semana de ese jueves de entonces "que relucía más que el sol", algunos de los cuales guardo en mi memoria.

De lo que más recuerdos conservo es de todo lo relacionado con el traje de Corpus. Ese día, que marcaba la entrada del verano, era preceptivo estrenar vestido y zapatos.

Antes de que apareciera la ropa confeccionada, había gran actividad y negocio en los comercios de tejidos y calzados cuando se aproximaba la fiesta de Corpus.
Las modistas también trabajaban a destajo para contentar a sus innumerables clientas. Y en la mayoría de las casas había que poner en práctica esos conocimientos de "Corte y Confección" que casi todas las jóvenes habían aprendido, para, a través de patrones, hacer los vestidos personalmente y reducir gastos.
En casa, como había chicas de varias edades, se repasaban muchas veces los figurines y revistas de moda para encontrar el modelo ideal que cada una quería lucir, esperando que tanto el diseño como la tela elegida -secreto bien guardado- no estuvieran repetidos, al menos entre las amigas y conocidas más cercanas.
Me vienen a la memoria aquellos vistosos trajes de telas "perforadas" y almidonadas. Y las niñas con aquellos hermosos lazos a la espalda...

Llegado el glorioso día, era realmente un espectáculo -especialmente desde extramuros- ver a la gente echada a la calle dirigiéndose al recorrido de la procesión, luciendo con orgullo sus impecables, coloristas y llamativos trajes veraniegos, tras haber dejado en casa la ya ajada y trillada ropa de invierno.

Había comentarios, admiración, envidias y cotilleos para todos los gustos.

Como es natural, también los zapatos se estrenaban. A las jóvenes primerizas de altos tacones y a otras muchas en general, era frecuente verlas al final de la mañana padeciendo de rozaduras, llagas y ampollas en sus doloridos pies.

En cuanto al verdadero sentido de la fiesta del "Corpus", recuerdo lo solemnísima que era la procesión. El público se arrodillaba al paso de todas las imágenes. Iban muchas autoridades de todos los estamentos. Las calles estaban entoldadas y toda la "carrera" protegida por soldados y marineros.
A su término, era emocionante el desfile de las tropas militares. Por Canalejas, hoy avenida Ramón de Carranza, era por donde el espectáculo tenía la mejor visibilidad. Escuadrones de los ejércitos de tierra, mar, aire, guardia civil, legión, etc, pasaban ante nosotros con su disciplina, colorido y vistosidad.

Toda la semana había espectáculos nocturnos en la plaza de la Catedral y en la de San Juan de Dios con sillas dispuestas para el público. En la primera se representaban Autos Sacramentales y en la fachada del Ayuntamiento conciertos de bandas de música y otras actuaciones. Había mucha iluminación y mucho público hasta altas horas de la noche.Yo recuerdo especialmente el Auto donde participó una de mis hermanas y el concierto de la banda de legionarios donde cantaron su himno de la Legión, que tanto emocionó a mi padre.
Había corridas de toros que traían a Cádiz muchos visitantes.
La ciudad lucía engalanada y vibraba con tantos festejos.


Pasaron los años y la costumbre de estrenar, pero yo, que no he dejado nunca de asistir a la procesión del Corpus, cuando se acerca el día me vienen los recuerdos mientras pienso: ¿Qué traje me pongo?

domingo, 16 de mayo de 2010

Una Alameda con encanto




















Hacía algún tiempo que no paseaba por la Alameda, ese precioso jardín-balcón de incomparables vistas al mar de la bahía de Cádiz, y estos días, con motivo de visitar la Feria del Libro, instalada en el contiguo Baluarte de la Candelaria, me he reencontrado con este bonito rincón gaditano que luce su frondosa vegetación vestida ya de primavera.

No sé si era la luz del día, el colorido de las buganvillas sobre los distintos tonos de verdes, el ambiente de paz, el azul del cielo y del mar ... el caso es cada rincón de la Alameda se mostraba espléndido y digno de quedar inmortalizado en los lienzos de algún pintor.

Yo saqué mi pequeña digital, que siempre me acompaña, y obtuve las fotos que ilustran este comentario.












































sábado, 8 de mayo de 2010

Los cruceros


Hace pocos días el puerto de Cádiz vivió una gran concentración de barcos de cruceros. En la misma semana fueron trece los grandes barcos de turistas que estuvieron atracados por unas horas en los muelles de la ciudad. Más de diez mil pasajeros recorrieron las calles y realizaron excursiones a otras localidades cercanas.
Yo estuve paseando por el puerto y saqué, entre otras, esas fotos que he puesto al principio.
Posteriormente ha surgido entre los comerciantes de Cádiz la polémica sobre el poco gasto que hacen los cruceristas, al menos no todo el esperado por ellos.

Yo pienso que quizás hace años el turismo de cruceros era más elitista, pero hoy este viaje entra dentro del presupuesto de un ciudadano medio que, con sus ahorritos, puede darse el gusto de vivir unos estupendos días en uno de estos fantásticos hoteles flotantes. Pero si añade el precio de las excursiones ofertadas cada día, no puede permitirse mucho derroche en cada puerto donde el barco haga escala.

Precisamente, con un grupo de amigos gaditanos, uno de los últimos viajes que he realizado ha sido en un crucero, desde Estambul a Atenas visitando estas capitales, las costas de Turquía y algunas islas griegas.

De esa "ciudad flotante" que es el barco de crucero sólo puedo hablar maravillas. Sus múltiples dependencias, salas de espectáculos, cafeterías, bares, restaurantes, salones de juegos, casino, discotecas, tiendas, talleres, biblioteca, piscinas, jacuzzis...etc, etc, además de esas terrazas y balaustradas, hacen que tengas diversión y entretenimiento todos los minutos que haya que pasar en el barco.

Nosotros elegimos un crucero de habla española y régimen de "todo incluído". Esto es importante: cualquier tipo de bebida, en cualquier lugar y a cualquier hora que la pidieras, te la servían con la mejor de las sonrisas.

Cada noche se celebraban diversos espectáculos en los diferentes salones y teatros de dos o tres plantas: ballet modernos de temática variada con orquesta en directo, cantantes, magos, humoristas... todo mientras degustábamos en nuestra mesa el cocktail elegido.
En otra sala se desarrollaban los espectáculos de las noches temáticas, como la noche prehistórica, la noche oriental, la tropical carnavalera... con disfraces, concursos y bailes amenizados por cantantes y orquestas hasta altas horas de la madrugada.
No faltó la noche de gala donde el capitán saludó personalmente y se fotografió con los casi dos mil pasajeros que íbamos en ese momento.
En el inmenso restaurante de dos pisos donde cenábamos "a la carta" había piano, orquesta y cantantes, y a veces los casi doscientos camareros hacían un espectacular desfile.
El desayuno y el almuerzo se podía hacer también de Buffet en el restaurante de la cubierta más alta, en el frontal y laterales del barco, todo acristalado y con unas vistas impresionantes. La comida era insuperable, bien presentada y con una inmensa variedad.

Por las tardes se estaba muy bien en el piano-bar donde continuamente había música en directo de cantantes, pianistas, orquesta... mientras saboreabas tu capuccino, tu sanfrancisco o tu piña colada. Daba igual lo que pidieras, todo era gratis y te lo servían con todos los detalles más exquisitos.
También se podía ir a los talleres de diversas manualidades
referentes al tema del día, como hacer flores, collares o diademas para adornarse en las fiestas de la noche, con material gratuíto. O bien a las clases de baile donde te enseñaban a bailar tangos, merengue, brasilero, danza del vientre, etc. O al taller de demostración culinaria. O a la biblioteca, o a la sala de internet. O a misa... Incluso hubo dos tardes en que una historiadora impartió conferencias sobre la cultura turca y la griega, paises que estábamos visitando.
Había gente para todo. El Casino y las salas de juegos también se veían siempre llenos. Y, sobre todo, las piscinas y jacuzzis de la cubierta superior estaban a rebosar.
Los equipos de animación procuraban que todo el mundo estuviera entretenido, y los niños, aunque había pocos por ser época escolar, tenían muchísimas y divertidas actividades.

En nuestro camarote nos dejaban cada noche "El diario de a bordo" con todo detalle sobre las actividades y excursiones del día siguiente. Aún navegando por aquellos lejanos mares, podíamos ver desde la cama los informativos de TV española.

Es obvio que de los viajes en crucero sólo puedo decir que todo el que pueda debería vivir esa fantástica experiencia.



De Turquía y Grecia ya escribiré en otro momento.

viernes, 23 de abril de 2010

Aquellos tranvías...

Debido a las reformas urbanísticas que se están realizando o proyectando en la ciudad de Cádiz, preparándola para los eventos que se desarrollarán en 2012 con motivo del Bicentenario de la 1ª Constitución democrática, firmada en Cádiz, han surgido diversas plataformas reivindicativas de ciudadanos que desean anular o modificar dichos proyectos.


En otra entrada del Blog ya escribí sobre el tema de la playa de La Caleta, también en plataforma, y hoy me motiva el tema del futuro tranvía. (Este virtual que se ve en la foto)





"+Tranvía en Cádiz" quiere que el tranvía que llegue por el nuevo puente, circunvale todo el casco antiguo de la ciudad. De esta forma reduciría el uso del automóvil privado y descongestionaría el tráfico.

Dada la configuración urbanística de esta pequeña ciudad y la estrechez de sus avenidas serán los expertos, junto a los políticos, los que digan la última palabra.


Yo, que acumulo algunos años, parece que aún estoy viendo arrancar de las calles los últimos restos que quedaban de las vías de los antiguos tranvías que circulaban por Cádiz.

Al vivir en extramuros, de niña los tranvías y luego los trolebuses, fueron transportes que utilicé.

Del tranvía, recuerdo las largas esperas en las paradas de la avenida viéndolo venir a lo lejos y la desilusión posterior que producía al descubrir, cuando se iba acercando, que traía echado el "Completo", un cartel metálico con letras troqueladas que colgaba en el cristal delantero y que le hacía pasar de largo por la parada sin compasión ni miramientos.

Recuerdo también, cuando por suerte lo cogíamos, los agobios y calores que se pasaban dentro, apretujadísimos, donde siempre había algún personaje que se aprovechaba de la situación. Y entonces estaban los que gritaban:"¡Echa ya el Completo, tío!"
Y, sobre todo, lo que más recuerdo es la sensación de miedo que yo siempre hacía por superar colocándome al lado del conductor cuando entrábamos por la calle Plocia. Por allí, camino de San Juan de Dios, el tranvía pasaba rozando casi literalmente las fachadas, especialmente por las esquinas que sobresalían en la acera (Gloria, Suárez de Salazar, Amaya), donde era imposible evitar la sensación de inminente choque frontal. Me agarraba a la barra y el instinto me hacía cerrar los ojos fuertemente hasta pasar esas esquinas sobresalientes. Pero, masoquísticamente, en sucesivos viajes repetía lugar de posición intentando probar a mantener los ojos abiertos y superar el miedo que producía.
De los veraniegos tranvías-jardineras, esos sin paredes laterales, tengo menos recuerdos. Posiblemente mis padres no nos subían por el peligro que implicaban, pero tengo en la mente la imagen de esas jardineras atestadas, con los laterales rebosando de gente camino del Balneario.

Cuando llegaron a Cádiz los trolebuses de dos pisos causaron gran admiración por el aspecto de modernidad que daban a la ciudad.

Había uno que salía del barrio de San Severiano y tras cruzar el puente, paraba a la mitad de la calle Ciudad de Santander. Ahí lo tomaba yo cuando iba mal de hora, en la jornada de tarde. Me subía al piso de arriba con otras niñas compañeras del Instituto Columela de la calle San Francisco, donde desde los escasos diez años cursábamos Bachiller.

Generalmente desde mi barrio íbamos y veníamos andando. Mi madre, a no ser que lloviera, nos daba a mis hermanos y a mi sólo para uno de los dos viajes, (60 céntimos de peseta) y procurábamos ahorrarlos haciendo la caminata.

Pero mis amigas descubrieron cómo podíamos engañar al cobrador y cada día lograr que una de nosotras no pagara.
Como a esa hora había poca afluencia de público, sólo nuestro grupito de cinco o seis niñas subía al piso de arriba, colocándonos en los asientos delanteros. El fraude consistía en que una se metía bajo los asientos de atrás que quedaban tras la mampara de la escalerilla. El cobrador, que iba asiento por asiento haciendo su trabajo, cuando acababa en el piso bajo subía y se dirigía tan sólo a las de delante ya que detrás no se veía a nadie.
Pusimos un orden y cada día se iba logrando el objetivo, pero mi timidez y mi miedo a ser descubierta me hacían pasarle el turno a otra cuando a mi me tocaba.
Al fin un día me decidí y, aunque también el objetivo fue conseguido, no me olvido del latir acelerado de mi corazón, de la angustia y del miedo a ser descubierta que pasé allí rebujadita bajo el asiento.
Salí decidida a no hacerlo nunca más.
Después de tantos días que estuve pagando billete pudiendo haberme ido andando, casi me jugué la vida por los 60 céntimos de ese día: una monedita de dos reales y una perra gorda.
Estas son las anécdotas que más recuerdo de mis viajes en los antiguos tranvías y trolebuses de Cádiz.
P.D. Esas moneditas de dos reales (50 céntimos de peseta) tenían un orificio central muy apropiado para irlas introduciendo en un cordón. Recuerdo que -sobre los 12 años- cuando logré tener una buena colección de ellas me presenté en la tienda "Melchor" de la calle Corneta y puse en el mostrador esa especie de collar con veinticuatro monedas engarzadas. Eran las 12 pesetas que valía un pequeño muñeco de pasta que abría y cerraba los ojos, muy deseado por mi desde hacía tiempo. Comprendía que era ya algo mayor para tal juguete, pero era el momento en que tras años de ahorros había logrado reunir el precio de tan ansiado deseo.

jueves, 15 de abril de 2010

Que no cambie La Caleta




























Se ha creado recientemente en Cádiz la Plataforma "Salvemos La Caleta" formada por colectivos y personas independientes que se oponen al proyecto de modificación del entorno de esta genuina y emblemática playa de Cádiz, orgullo y embeleso de gaditanos y foráneos.
Se reivindica no sólo que se anule el proyecto de modificación y ampliación del espigón-paseo "Fernando Quiñones" y la reconstrucción de un antiguo muelle, sino que también se pide al Ayuntamiento que, recogiendo el sentir de los gaditanos, impulse la declaración de La Caleta como "Monumento Natural", desde el Baluarte de los Mártires hasta el Castillo de Santa Catalina.

Yo, en otra entrada de este Blog, ya escribí sobre la belleza paisajística de este rincón de Cádiz y me posiciono en contra del proyecto de modificación del espigón y de todo lo que altere el entorno natural de ese hermoso lugar.

Lo único que considero que habría que hacer sería ubicar en otro sitio ese Colegio que está enquistado en pleno paseo marítimo interrumpiéndolo y dificultando la visión completa de la playa, o, en todo caso, dejarle por detrás un espacio peatonal como se hizo con el Colegio del Campo del Sur. Eso sí que sería ideal.

Y sin embargo, de esto nadie habla.

Como homenaje a La Caleta he hecho con algunas de mis innumerables fotos del entorno, dos Presentaciones en Powerpoints, una relizada de día y otra en las espectaculares puestas de sol.

Hasta que aprenda a subirlas al Blog, me limito a poner algunas fotos matinales ya que del aterdecer puse anteriormente una muestra.











































lunes, 8 de marzo de 2010

Manolo, no fuiste profeta en tu tierra


Habías dicho: "Ante la muerte, no daré un suspiro. Estaré apretando el barro, dejando en la arcilla la última huella".

Querido Manolo, seguro que el pasado 4 de marzo de 2010 la muerte te llegó trabajando en ese sueño.
Por Internet he visto con emoción las imágenes de tu funeral celebrado en la Catedral de la Mérida venezolana, donde residías, atestada de gente que lloraba tu pérdida, con primerísimas autoridades, no sólo de esa ciudad y de la Universidad de Los Andes donde fuiste profesor durante tantos años, sino exgobernadores y exministros del pais, que rendían honores al "más emblemático e insigne escultor que ha tenido Venezuela".

Te habías ganado el título de "Escultor de Cuatro Continentes" por la diseminación de tus obras. El pasado año te otorgaron el Doctorado "Honoris Causa" en la Universidad de los Andes. Y pocos días antes de tu muerte has visto hecho realidad tu sueño de inaugurar tu Casa-Museo.

Conociendo tu trayectoria, sabiendo de tu amplísima y valiosa obra escultórica, de las innumerables exposiciones por tantos países, de los múltiples premios y galardones obtenidos a lo largo de tu vida y del reconocimiento unánime de tu trabajo por esos cuatro continentes, me entristece comprobar el desconocimiento que hay en Cádiz, tu ciudad natal, sobre tu persona como primerísima figura de la escultura en toda América y diversos países. Algunas obras son tan monumentales como la de "La Virgen de la Paz", una escultura mirador que se alza en la ciudad venezolana de Trujillo a 1700 m de altitud, con 46 m de alto, 18 de ancho y 1200 toneladas de peso, considerada -junto a la estatua de la Libertad de N.Y.- la más grande escultura habitable de América.

Pues si, estoy hablando del escultor Manuel De la Fuente, nacido en Cádiz hace 77 años en la calle Cruz, nº10-2º, donde vivió sus primeros veintiseis años.

Cuando era un adolescente, le hicieron una entrevista en "Diario de Cádiz" porque ya destacaba y había sido premiado en la Escuela de Arte, y entre otras cosas dijo: "Trataré de superarme al máximo y procuraré poner muy alto el nombre de Cádiz".

Y bien alto que lo pusiste, Manolo, pero en Cádiz lo sabe muy poquita gente.
Tal vez un día tus paisanos te descubran en las muchas páginas de Internet que muestran tu vida, tu obra y tu amor por Cádiz, y te dediquen tardíamente el reconocimiento que mereces. Pero tú ya no te enterarás.

Manolo, yo te conocí siendo muy jovencita, cuando viniste de Venezuela la primera vez, y luego nos seguimos viendo cada vez que regresabas a tu patria chica a ver a tu familia y a reunirte con tus amigos, con uno de los cuales yo andaba de amores.
Un grupo de amigos llenos de inquietudes culturales que como tú sentían la llamada del arte en sus diferentes facetas y que en aquella difícil época no encontraban manera de expansionarse y hacer del arte su profesión, como eran Fernando Q, Rafael S, Juan Antonio C, Luis B, Enrique G, José Antonio V, Diego S. Celso E, ... y tantos otros que tuvieron que salir de Cádiz para demostrar su valía.

Venías con Maruja, la novia que dejaste en Cádiz, y que cuando las cosas te empezaron a marchar bien, llamaste a tu lado celebrando la boda por poderes. Era muy guapa, de piel blanca y ojos claros que contrastaban con tu físico de cabellera negra y cejas muy pobladas. Su cuerpo lo veíamos reflejado en los Catálogos que traías de tus obras, donde dominaban los desnudos: su desnudo, entonces.
Yo, tan ingenua, sentía un poquito de pudor ajeno.

En un viaje viniste tú sólo a ver a tu padre, que tenía una hermosa carpintería-ebanistería en la calle Sacramento, donde hoy hay una Galería de Arte.
Ya había nacido por allá tu primera hija, Mª Jesús, y recuerdo que todos los muñecos y juguetes que veías por los escaparates se los comprabas sin reparar en precios. Cuando aquí andábamos "a la cuarta pregunta" tú nos deslumbrabas con tus invitaciones y regalos. Se veía que estabas bien situado y habías triunfado de lleno.
Compraste un piso en la zona de La Laguna, ya que tu mujer añoraba mucho Cádiz y quería venir con más frecuencia.
Luego nacería tu segundo hijo, un niño al que pusiste el nombre de Fidias. Al saberlo, recuerdo que me releí toda la vida y obra del escultor griego para comprender tus buenas y sobradas razones para ponerle ese nombre a tu hijo.
Fuisteis echando raíces allá y perdiendo familia acá, por lo que Maruja poco a poco fue distanciando los viajes.

Tú sí lo hacías periódicamente. Y buscabas a los amigos. A mí me encantaba oirte hablar con acento venezolano recordando las anécdotas de tu infancia en Cádiz. Cuando con 4 o 5 años le sacabas la miga al pan y modelabas figuritas para el Belén o hacías toros, que eran tu pasión. Cuando os bañábais en La Caleta y os tirábais del puente-canal. Cuando, teniendo unos 10 años, expusieron en un escaparate de tu barrio de La Viña una escultura que habías hecho de un rejoneador a caballo haciendo el quite a un toro, que dejó a todos tus vecinos pasmados con tu arte. Cuando de mozalbete, deseando con todas tus fuerzas ser torero, te escapaste con varios amigos una noche para ir a un tentadero... Sentías a Cádiz en el alma.

Otra vez que viniste ibas camino de Carrara para encargar mármol y te llevaste contigo a dos amigos a recorrer Italia. En otra ocasión os fuisteis por Marruecos. Aún tengo algunos de los regalos que me traías.

Eras sencillo, entretenido y gran conversador. Sobre los libros y catálogos de tus obras nos dabas buenas lecciones de arte. Íbamos sabiendo cómo se valoraba tu trayectoria como profesor de Univesidad y cómo se te multiplicaban los encargos y subía tu fama como artista creador. Tus obras en barro, mármol o bronce eran solicitadas y se iban extendiendo por diversos países.

En otro momento, compraste una casa grande por Conil con el deseo de montar aquí también tu taller de escultor y la ilusión de poder vivir medio año acá y medio allá, así como lugar ideal para cuando te llegara la jubilación.
Pero, aparte de la magnífica escultura que hiciste al torero Ruiz Miguel o el espectacular grupo escultórico que como homenaje a "Paquirri" se colocó junto a la plaza de toros de El Puerto de Santa Mª, no recuerdo que tuvieras importantes encargos por esta tierra.
En 2005 propusiste al Ayuntamiento de Cádiz hacer un monumento a Falla, pero los bocetos que expusiste parece que no gustaron.

Hoy me queda la gran pena de que en las últimas veces que has estado en Cádiz, por diversas circunstancias, no he coincidido contigo, aunque conocía tu presencia, estaba al corriente de tus pasos y sabía que tú preguntabas por mi.
Manolo, como artista vivirás para siempre en tus obras, pero como amigo es muy triste decirte adiós y saber que no te tendremos más entre nosotros.
Descansa en paz.

jueves, 11 de febrero de 2010

Febrero en Cádiz


Por poco carnavalera que una sea, viviendo en Cádiz, es imposible abstraerse de ese ambiente festivo, de jolgorio y buen humor que se respira en cualquier rincón de la ciudad durante el mes de febrero.
El Carnaval de Cádiz tiene el reconocimiento de "interés turístico internacional", aunque yo particularmente dudo que los guiris internacionales que nos visitan comprendan la esencia de estas fiestas gaditanas cuya base radica en el ingenio y sentido del humor de esas letras que cantan por doquier más de doscientas agrupaciones, murgas y charangas, donde con ironía y doble sentido critican temas locales, sociales, políticos, etc, parodiando y ridiculizando con mucha gracia al que cojan por delante.
Desde aquí envío mi reconocimiento y admiración para los autores: ya sean los creadores musicales o esos auténticos poetas que escriben tantas letras adaptadas al tipo que va a cantarlas. También a los que ingenian los disfraces de las agrupaciones y a los integrantes de ellas que durante meses se entregan al aprendizaje, ensayo y puesta a punto de su coro, comparsa, chirigota o cuarteto, para presentarse con toda su ilusión al Concurso de Agrupaciones de Carnaval de Cádiz.
Este concurso oficial, que se celebra en el Teatro Falla, es seguido con verdadera pasión, durante el mes que dura, por la inmensa mayoría de los gaditanos, deseosos de conocer los nuevos tangos, pasodobles, cuplés, popurris y estribillos de las numerosas agrupaciones. El veredicto final del jurado siempre es motivo de polémica.
Hasta aquí el Carnaval de Cádiz es muy localista, luego es cuando se abre al exterior y toma protagonismo la calle, que se llena de bullicio y color. Pregón de las fiestas, proclamación de diosas y ninfas, bailes, concursos de tanguillos, fiestas por todos lados, carruseles, pasacalles, rutas gastronómicas, gran cabalgata... diez días de algarabía, caretas y disfraces, algunos mamarracheros pero todos cargados de mucha imaginación y gracia. Y alegrando las calles, esas charangas de amigos y familiares llamadas "ilegales" por no participar en el concurso oficial, con sus ingeniosas letrillas picaronas. También andan por ahí los recitadores de romanceros.
Acuden a Cádiz miles y miles de forasteros. La ciudad se colapsa y, por los que hacen mal uso de las normas de educación e higiene, queda sucísima y con mucho mobiliario urbano destruído.
Como ocurre con todo, hay gaditanos que viven su carnaval con verdadera pasión y otros que cogen estos días carretera y manta.
Yo me quedo, pero sin mucha pasión.